El Estuche

Fuí invitada a almorzar a lo de los Feliú: Vicente, Aurora y Aurorita. Me habían pedido encarecidamente que no faltara. Allí estaban unos compatriotas de Bariloche; y dos cantautores espectaculares con quienes también geste una hermosa amistad, Carlos Lage y Karel García (quienes después participaron en mi disco). Estábamos por almorzar, cuando se estacionó una camioneta en la puerta de la casa y bajó un pelado desconocido ante mis ojos por la distancia. A medida que se acercaba mi corazón latía cada vez más fuerte y pude reconocerlo, era él, Silvio Rodríguez, que venía a almorzar con nosotros!!! No pude contener las lágrimas, la emoción y la sorpresa entonces él me dijo que era una trovadora lagrimosa... Yo le conté que desde mis 14 años había sido mi referente, que conocí la isla a través de sus canciones, y que anhelaba llegar a cada lugar nombrado en ellas para verlo con mis propios ojos. Compartimos un rato hermoso, hablaron sobre la revolución y algunas anécdotas de la guerra de Angola, cantamos y nos sacamos fotos, alguna de ellas las comparto aquí. No hace falta decir que fue una tarde inolvidable, una ofrenda de Feliú, que ofició de anfitrión, a los presentes. Gracias una vez más por acercarme el ídolo a la persona!

Conocí a Vicente Feliú de una manera especial. Yo participaba del "XIV Festival de la Juventud y los Estudiantes" en 1997, y pasaba todo el día fuera, entre actividad y actividad. Llevaba en mi bolso un vestido largo, preparado para cantar. El día que tocaba en Casa de Las Americas, empecé a cambiarme en el baño y cuando levantaba los brazos para dejar caer mi vestido se escucha la puerta del lugar que se abre. Inmediatamente el vestido cayó y yo quede totalmente vestida, cuando en ese instante Vicente Feliú hace su aparición en el baño. Pidió perdón por entrar repentinamente y enseguida nos reímos.
"Llegué unos segundos tarde", bromeó.

 

 

 

Otra anécdota del Festival de la Juventud de 1997 fue el día que Vicente me dijo si quería cantar en el destacamento policial. Pensé unos segundos antes de aceptar (naturalmente la relación del ciudadano sudamericano con su policía es algo particular). Me sorprendió la invitación y pregunté: -por que ahí? Bueno, me dijo:- "Durante el festival, los policías trabajan doble turno para cuidar a los 14000 estudiantes extranjeros que están en La Habana, y es por eso que se pierden todas las actividades culturales que nosotros disfrutamos. Me gustaría llevarles un poco de música al pie del camión." Y allí fuimos a cantar canciones comprometidas a una policía que piensa como la gente que cuida. Al pié del camión que salía cada 5 minutos, escuchaban atentos parados frente a nosotros. Fue una experiencia diferente y fuerte, para mí. La foto es testimonial.